Las cajas de Pandora de Lichtmajer

22 May 2021 Por Roberto Delgado
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Los únicos explícitamente interesados en las cajas que dejó en la Legislatura el ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, fueron los legisladores de la oposición o los del costado jaldista del oficialismo. Fuerte sorpresa se llevaron. Le habían preguntado sobre coberturas aparentemente irregulares de cargos, sobre la asignación de los recursos educativos y sobre el estado de los edificios escolares. Pero en las primeras cuatro cajas encontraron montones de planillas de asistencia, constancias policiales por cortes de rutas, actas de instancias zonales de ferias de ciencia y de participación de cursos de cambio climático. Eso vieron de entrada, porque es lo que se halló en la revisión rápida de las cajas que, como si fueran las de Pandora, dejaban salir caóticamente las cosas de la gestión educativa, explicadas por los funcionarios como “intervenciones, acompañamiento y visitas territoriales de nuestros distintos equipos”. Lo otro, lo importante, está, en principio, en las otras 15 cajas, que los legisladores, ya escaldados por lo hallado en las cuatro primeras, mandaron a revisar (así como foliar las 27.000 fojas) para poder hacer realmente el examen que necesitan. Y, luego, ponerle nota a la interpelación que le hicieron la semana pasada al ministro. Para el radical José María Canelada, ha sido una puesta en escena. “Diría que las cajas han sido parte del decorado del show que hemos visto en la última sesión”, definió. ¿Show? Habrá que ver qué ocurre al respecto en los próximos días, ya que, según se anunció, copias digitales del contenido de estas cajas fueron enviadas a las autoridades educativas nacionales para que den su opinión, con lo cual se abrirá otra instancia de evaluación que competirá con la de los legisladores.

Estrategia postergadora

Realmente llama la atención que las cajas hayan ido con el material mezclado de esa manera, considerando que Lichtmajer tuvo bastante tiempo para prepararse para la interpelación: sabía desde hacía mucho tiempo que lo iban a interrogar, le habían entregado con anticipación las preguntas y al menos una semana antes de la sesión del 13 de mayo estaba en condiciones de preparar su arsenal de respuestas. Seguramente su equipo de técnicos del área mencionada (sector cuestionado por los nombramientos) lo debió haber ayudado a preparar su presentación y a llevar las cajas a la Cámara legislativa. Con solvencia respondió a lo largo de seis horas del cuestionario; y también con solidez respondió durante las cinco horas siguientes las repreguntas. Eso muestra que estaba realmente preparado. La misma gente del Gobierno estuvo después satisfecha: el legislador manzurista Gerónimo Vargas Aignasse lo calificó de “brillante”. ¿Por qué, entonces, esta entrega de cajas de Pandora? ¿Fue una intencionada puesta en escena?

En todo caso, si fue una estrategia, logró que se ralentizara el ímpetu con que los opositores y los antimanzuristas pretendían calificar al ministro. Postergaron la sesión de respuesta y tal vez podrían comenzar a estudiar el caos a partir del lunes próximo. Aunque las restricciones por la pandemia agregan una probable nueva demora al asunto. Surgen preguntas: ¿cómo es posible que se haya entregado todo esto en el viejo, burocrático y abultado formato papel, siendo que están los mismos documentos en formato digital? A menos que, como dudaron los parlamentarios opositores, la documentación que vayan a enviar a Buenos Aires sea otra. “Todo esto es ‘carne podrida’”, rezongó el legislador José Ricardo Ascárate (UCR). O bien, que haya una excesiva confianza en la mirada nacional sobre la gestión educativa provincial. Hay que recordar que tres días antes de la interpelación estuvo en Tucumán dando su aval explícito el ministro federal Nicolás Trotta. “Apoyamos al ministro Lichtmajer en el gran trabajo que lleva adelante”, dijo.

La cuestión es qué va a ocurrir con los interrogantes que quedaron en el tintero tras la sesión del 13 de mayo. Concretamente, el problema de los llamados nombramientos “ad referendum”, por fuera de concurso, porque se carece de padrones, ya que no se ha regularizado la Junta de Clasificación y tampoco se han revisado las zonas vetustas de la ley para nombramientos docentes.

Esa es una queja constante de los educadores y la interpelación era una buena oportunidad para sacar a luz un problema que está tapado en el funcionamiento de un ministerio opaco, al que -pese a ser el más grande de la estructura estatal- normalmente no se le exige públicamente como a las carteras de seguridad o de salud. Claro, si estamos en una provincia que va prácticamente a la cabeza en el listado de homicidios, o por las altas cifras de violencia de género, se entiende que haya reclamos en la calle por la inseguridad. Pero ¿quién sale protestar en la calle cuando se difunden informes que señalan que Tucumán aparece última en las categorías de las pruebas PISA? Así se publicó el 22 de enero (“Tucumán invierte mucho en Educación, con bajos resultados”) a propósito de un informe comparativo con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), la provincia de Buenos Aires y Córdoba, llamado “El pilar olvidado del crecimiento”. En él se analizaban los resultados de las pruebas PISA y de las pruebas Aprender. En el corto plazo el daño que se puede generar es imperceptible, pero en el largo plazo algo se verá.

Hoy los ojos legos quedan con la impresión de que algo no está bien, y asusta más cuando se advierte la baja de resultados de la educación pública en comparación con la privada.

La “opción pandemia”

Alguien debió salir a responder y a explicar, más allá de la lógica respuesta del ministro Trotta de que el año de pandemia ha sido excepcional. No hay que olvidar que las escuelas, en un contexto de crisis económica y pobreza, han terminado siendo centros de alimentación para los niños, mientras un porcentaje de la gestión privada ofrece jornada completa y bilingüe, lo que pone en evidencia desigualdades crecientes. ¿Qué nos dice esto de nuestra sociedad para los próximos 30 años?

Junto al tema de los nombramientos ha estado cuestionada la forma de gastar los recursos del presupuesto educativo. ¿Quién ha de analizar si estuvo bien o mal esto? ¿O será solo un tema vinculado con la emergencia en salud?

Finalmente, el estado de los edificios escolares. Se sabe que hay un informe que el mismo gobierno ha encargado a la Universidad Tecnológica Nacional para evaluar si se encontraban en condiciones adecuadas para el dictado de clases presenciales. Después de meses de defenderse a capa y espada de las quejas docentes al respecto, el ministro terminó diciendo en la Legislatura que sólo el 8% de los más de 1.000 establecimientos se encontraba en malas condiciones. Dar a conocer el informe de la UTN podría ayudar a saber dónde estamos parados al respecto, y encarar acciones en concreto, más allá de quién gane la discusión política que se ha planteado en esta coyuntura.

En los próximos días se va a establecer la doble instancia de evaluación de la presentación del ministro en la Legislatura. Por un lado, la tucumana, por ahora llena de trabas hasta que los legisladores puedan analizar el contenido de las cajas (de las que por ahora parecen salir sólo males, nada de esperanza) y saber si el ministro entregó datos precisos sobre las preguntas. También analizarán la versión taquigráfica para ver si el ministro respondió lo que se le preguntaba. Por el otro lado, la evaluación nacional, que seguramente permitirá al ministro alejarse del ruido de la tormenta política en que se vio envuelto Lichtmajer. Y otra vez la pregunta: ¿Saldrá un resultado de estos exámenes? ¿Desaprobado? ¿Aprobado con 4? ¿Muy bien 10? No hay que olvidarse de que el tiempo del coronavirus ha traído la “opción pandemia”: pasa de curso, más allá del resultado del examen.

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