La misma especie, dos comportamientos

Mientras en nuestro medio crece y se expande, en el sur de China el ligustro es más pequeño y es escaso. Tiene uso medicinal.

30 May 2021 Por Roberto Delgado
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Las investigadoras argentinas Lía Montti y Martita Ayup durante su estadía en 2013 como becarias para investigar el ligustro en el sur de China.

“En China no tiene ese comportamiento de especie invasora”, dice la investigadora Martita Ayup, doctora en Ciencias Biológicas (actualmente está en Canadá) que en 2013 viajó a Yuan, al sur de China, con la marplatense Lía Montti. “Era tan distinto que nos llevó a pensar si no era otra especie. Hicimos análisis genéticos, y sí, es la misma especie”. Hallaron que el ligustro allá es tres veces más pequeño (“hallamos un ejemplar de 280 años que tenía unos 10 metros” y que las hojas están muy comidas por herbívoros; además, “hay muy poco ligustro porque es uno de los árboles más codiciados; está en el top ten de la medicina china: antiglucemiante, antibiótico y hasta afrodisíaco. Se usa mucho, sobre todo la semilla. También la madera, aunque no es muy buena, la usan para techos livianos y para hacer cabos de palas”.

La explicación de la diferencia en el comportamiento, en opinión de un científico chino, es la composición del suelo, explicó. En Argentina, por otra parte, no se encuentra el animal herbívoro que en China come las hojas de ligustro, con lo cual la planta en nuestro suelo está libre de un predador y eso la hace más fuerte. “En Argentina el ligustro larga más hijos de las mismas raíces. Puedo cortar el árbol pero de las raíces siguen saliendo arbolitos. Eso es otra forma de propagarse; lo hace muy invasor. En China no ocurría eso”, agrega. Ayup, que destaca que el ligustro como uno de los árboles que más purifica el aire y mitiga la contaminación ambiental, dice que “es realmente un árbol alucinante. No es que sea malo, es un ser vivo más que hace lo que sabe hacer, que es reproducirse”.

Una canción del rock de los 70

Hogweed, El perejil gigante, cantado por Genesis

En su canción de 1971 “El retorno del perejil gigante” (The Return Of The Giant Hogweed), el grupo de rock progresivo inglés Genesis describió el proceso dañino para el ambiente y el ser humano que puede acarrear el intercambio de especies.

“Nada puede detenerlas./

En torno a cada río y canal, su poder crece./ ¡Mátenlas!,/ debemos destruirlas.

/ Se infiltran en cada ciudad con su oscuro y espeso olor de advertencia.

/ Son invencibles,

/ parecen inmunes a todos nuestros herbicidas”,

cantaba Peter Gabriel, y terminaba con el nombre científico de la planta: “Heracleum Mantegazzianium”. El tema, del disco “Nursery Cryme”, de intenso ritmo, era muy usado por el grupo en sus recitales (muy teatrales) de comienzos de los 70. Su letra describe cómo un explorador de la época victoriana llevó la planta enorme del Cáucaso ruso, de atractivas flores, a los jardines de reales de Kew en el Reino Unido y desató el desastre. Este perejil, de entre dos y cuatro metros de altura, tiene una savia muy tóxica, que provoca quemaduras severas en la piel. Hoy está extendido por varios países de Europa y en 2011 ha sido declarado especie invasora en España.

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