Alarmas a rolete

17 Jul 2021 Por Roberto Delgado
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De pronto, una hiperinflación de alarmas vecinales, botones antipánico y sirenas se desplegó por la geografía tucumana, planteada como la panacea contra la inseguridad. Municipalidades de diferente índole reparten distintos sistemas a los vecinos -algunas los tienen incorporados a sus estrategias vecinales desde hace tiempo- y ahora apareció el Ministerio de Seguridad con el sistema “Alerta Tucumán” -creación de hace años del legislador Gerónimo Vargas Aignasse- que ha sido, sorprendentemente, incorporado al esquema del servicio de emergencias policiales 911.

¿Qué significa todo este ruido repentino? El martes fue anunciado el sistema “Alerta Tucumán” a nivel provincial; el miércoles se repartieron sirenas y botones antipánico en tres barrios de Concepción (el intendente Roberto Sánchez acompañó a la concejala Raquel Nievas, quien entregaba los equipos) y el jueves el intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros, y su secretario de Seguridad, Marcelo Moreno, entregaban aparatos a los vecinos del barrio 260 Viviendas. También esta semana el intendente capitalino, Germán Alfaro, repartió botones por los barrios San Pedro Nolasco y ya llevan 6.000 aparatos puestos en manos de vecinos de San Miguel de Tucumán. En Yerba Buena se usan estas alertas desde 2015 y, al decir del secretario de Seguridad, Mauricio Argiró, ya hay unas 500 familias protegidas.

En Tafí Viejo, según el secretario municipal del área, Julio Díaz, ya usan el sistema para armar un mapa del delito. Moreno va más allá: afirma que en Banda del Río Salí fueron pioneros en implementar la alerta, conectada a un centro de monitoreo, que comenzó con comerciantes y con centros de jubilados, y que ahora ha tenido aplicación con víctimas de violencia de género. El funcionario dice que le quieren proponer a la Corte Suprema de Justicia, que tiene su área para tratar la violencia de género, que implemente su sistema en toda la provincia. Y lo explica: gastaron muchísimo dinero en aparatos, centro de monitoreo y capacitación, y sus 250 vigías urbanos se reparten para responder en cada alarma acompañados por un policía de la Regional Este. Moreno le dijo al periodista de LA GACETA que la provincia va a tener que aprender a usar el sistema y que puede haber algunos pequeños fracasos hasta que se acomode todo.

Pacificando la placita

¿Habrá choques políticos? Los hubo hace un mes y medio en Concepción, cuando dos concejales, junto al legislador Raúl Albarracín, contaron que se había puesto alarma en la plaza “Abel Peirano” del barrio Nevado, para que las familias pudieran ir tranquilas, con botones antipánico, al paseo público, aledaño a un descampado, que estaba siendo asolado por arrebatadores. “Desde julio del año pasado entregamos alarmas y sirenas. Ya las tienen unas 700 familias. Se han frustrado intentos de robo, salen huyendo los oportunistas”, dice. Cuando se publicó la información, otro concejal, Miguel Abboud, entonces cercano al intendente Roberto Sánchez, dijo que los botones antipánico no servían porque eran obsoletos y que lo que era útil era el proyecto de alarmas conectadas por celular que iba a repartir la Municipalidad. Ahora Abboud está distanciado del intendente y Sánchez estuvo en la entrega de botones antipánico que hizo la concejala Nievas.

¿Se repetirán estos escarceos políticos? No cabe duda de que roces de intereses va a haber, puesto que están chocando productos, en la capital, al menos. Vargas Aignasse dijo que el “Alerta Tucumán”, conectado al 911, permite por un lado geolocalizar la alarma -saber quién denuncia y con eso se evitan falsas llamadas- y por eso es un avance en cuanto a la velocidad de respuesta. Asegura que en tres minutos llegarán los policías, y que los botones antipánico municipales no tienen esa prestación.

El subsecretario de Seguridad, José Ardiles, reconoce que puede haber algún chispazo entre sistemas. “Tenemos que coordinar. Por ahora hemos hablado de complementar las 500 cámaras que tiene la provincia con las 200 de la Municipalidad”. Otras municipalidades, como la de Yerba Buena, esperan poder llegar a sumar prestaciones como la que menciona Vargas Aignasse, cuando se complete el centro de monitoreo que se está armando en “La ciudad jardín”. No obstante, el secretario Argiró dice que el sistema -que consiste en organizar alarmas por cuadras- “ha sido útil, tranquilizador para los vecinos. No son alarmas que replican en todo el barrio. Sectorizar es bueno porque lo trabajan los vecinos que se conocen entre ellos”. Claro, agrega, el sistema es bueno contra el ladrón ocasional, el oportunista, acaso el escruchante. Disuade, en principio, con el ruido.

Riesgo de saturación

¿Realmente es tranquilizador? Alguna calma les debe dar saber que, cuando no estén, algún vecino hará sonar la alarma y llamará a la policía en caso de merodeadores o directamente ladrones. No está medida la otra parte, la saturación de ruidos que pueden generar aquellos vecinos temerosos ante cualquier cara extraña, ante una moto que pasa, adolescentes alegres y gritones, alguno pasado de copas o un auto estacionado. Hasta el abuelito que para sentirse más seguro cuando va al almacén hace sonar la alarma.

El programa anunciado el martes y concretado en Ciudadela el jueves significa una injerencia fuerte de Vargas Aignasse, legislador, en el área seguridad del Poder Ejecutivo, con lo que crece su “ministeriabilidad” para el caso de que el ministro Claudio Maley se vaya a la órbita nacional. También muestra a Vargas Aignasse haciendo tareas ejecutivas mientras la Legislatura, centro de la pelea interna en el oficialismo, está totalmente detenida. Vargas Aignasse es titular de la comisión de Seguridad pero no hay ningún movimiento para tratar propuestas y proyectos, dice Albarracín.

¿Qué significa este crecimiento del programa del legislador al nivel del sistema de seguridad provincial? El secretario Ardiles dice que se va a ver si coincide el “Alerta Tucumán” (que está siendo actualizado tecnológicamente) con lo que se ha identificado como lugares sensibles, según los cuadrantes de patrulla. Lugares donde, desde 2011, se concentran los homicidios, explica, y donde están trabajando muchos de los casi 1.000 agentes de los cuadrantes (San Cayetano, Villa 9 de Julio, Villa Muñecas, “El Sifón”, “La Bombilla”).

Por ahora, entre el ruido de las alarmas y las sirenas y el entusiasmo que genera entre los vecinos que se sienten beneficiados con la novedad, no se discute la eficacia del programa, porque no hay estudios estadísticos. De hecho, el mismo “Alerta Tucumán” que se inauguró, actualizado, el jueves en La Ciudadela, estaba funcionando desde hace tiempo en ese lugar y un vecino lo grafica: “ojalá sirva para bajar la inseguridad. Aquí roban mucho en la avenida Alem y después huyen por este pasaje. Salir hasta la parada es peligroso. Valoro la alarma, pero lo mejor es poner un policía en la esquina”, dijo Hugo López. Entonces... ¿servirá la alarma (que antes no servía) si la patrulla no llega? Porque están a prueba los agentes que hasta no hace mucho decían que no tenían auto o que no tenían nafta para el auto y ahora prometen llegar en tres minutos. Acaso tenga razón el funcionario de Banda del Río Salí cuando dice que habrá errores que subsanar hasta acomodar el sistema.

La otra cuestión es el dinero que se invierte. Banda del Río Salí dice que invirtieron 5 millones de pesos y que cuesta $ 3.000 la instalación de una aplicación. Albarracín cuenta que les sale $ 1.000 cada botón antipánico y $ 17.000 cada sirena. El “Alerta Tucumán” más 911 cuesta unos $ 140.000 para unos 120 vecinos cada cuatro cuadras. La concejala de Concepción dijo que ella paga los equipos con sus gastos sociales. Y la pregunta es: ¿esta es la forma de dar seguridad? ¿No habrá riesgo de clientelismo y de peleas políticas?

La cuestión final es que este modo de seguridad vecinal -bueno para los vecinos organizados, y que estimula la solidaridad aunque llene de ruidos el barrio- es una agenda chiquita, minimalista, al decir del experto en seguridad Federico Pelli, y no una política de Seguridad provincial. Esta tiene cosas muy graves para resolver con un sistema que, pese que exhiba ahora una baja en las cifras de homicidios, está en altísimos niveles de violencia, y con cárceles y comisarías desbordadas. Las sirenas de las alarmas vienen bien para el vecindario. Pero no pacifican a la sociedad, que es lo que deben conseguir las autoridades.

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