¿Es posible un Tucumán menos violento?

31 Jul 2021 Por Roberto Delgado
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Cuatro homicidios hasta el penúltimo día de julio. La fría estadística, que parece ignorar la angustia que puede generar la alusión siquiera a tragedias como la de anteayer en el Canal Sur (un joven asesinado a machetazos) revela, sin embargo, una situación diferente en el panorama de la inseguridad tucumana. Hacía mucho tiempo que no se registraban tan pocos episodios de violencia homicida en la provincia. Es el segundo mes con baja sostenida y si esto fuera una tendencia se podría anticipar que en los cinco meses que faltan para fin de año quizás haya un descenso concreto de la violencia, que hasta ahora suma 65 crímenes. Menos que los 74 del primer semestre de 2020. ¿Es un indicativo de algo? ¿Casualidad o tarea de las autoridades? Ni los funcionarios se atreven a afirmarlo. Qué difícil es dar una precisión al respecto, sobre todo cuando eso es lo que se espera en un contexto de inseguridad e incertidumbre: precisiones y fechas.

Al menos las cifras permiten un alivio tras un comienzo de año salvaje con un enero muy violento (15 asesinatos) y un esquema de bajas y subas que el experto Federico Pelli calificó como “comportamiento serrucho” las idas y vueltas de la seguridad: febrero más tranquilo, marzo violento, abril más calmo, mayo violento y bajas en junio y julio. Pelli advierte que no es una baja sostenida y que el “serrucho” indica que hubo meses muy violentos (en mayo hubo 15 homicidios) y que “para hablar de una tendencia tendríamos que tener muchos meses con baja constante”. Pero -añade- “no recuerdo en los últimos años un mes con tan pocas muertes en Tucumán”.

¿Es la pandemia? No parece

Habría varias cuestiones para analizar. ¿Incide la pandemia de algún modo? El año pasado, dominado por las restricciones a la circulación y por la cuarentena durante un cuatrimestre, con una fuerza de seguridad dedicada al control de movimiento, terminó con una cifra récord de homicidios (155) y con un aumento geométrico de la violencia de género. Esta última fue explicada en que el encierro fue un detonante o bien fue vehículo para visibilizar una situación terrible. Este año, sin tantas limitaciones para la circulación, sigue con las cifras de violencia de género en aumento, con su correlato extremo en 12 femicidios en estos siete meses. Entonces la pandemia no tiene que ver con el descenso de homicidios en general, si bien se podría analizar que la conciencia sobre la impronta devastadora de la covid es diferente ahora. En estos dos meses en que hubo descenso de cifras de homicidios se ha mantenido altísima la cifra de contagios de covid (1.000 por día) y de muertes (entre 10 y 20 diarias). Un tercio de las 3.000 víctimas fatales tucumanas de covid fallecieron entre junio y julio. Con estudios estadísticos, si los hubiera, un sociólogo y un sanitarista, unidos por un programador, podrían evaluar estas dos variables.

¿Es el nuevo código? Puede ser

También se puede ver que hay una multitud de incidentes menores que son resueltos rápidamente por la entente policía-justicia, en audiencias veloces a un día de ocurridos los hechos, y que los jueces están sobresaturando cárceles y comisarías con detenidos con preventivas. Esta acción rápida se vincula con el nuevo código procesal penal, que por un lado puede estar llevando al sistema al colapso pero por otro lado podría significar que se aventan las escaladas de violencia que se generan cuando no hay respuesta de esa “entente” a los conflictos en los barrios periféricos o en los vecindarios ubicados en las llamadas zonas rojas. Sigue habiendo conflictos y sigue habiendo tragedias como la de Walter Alcaraz, el joven muerto a machetazos en el Canal Sur, en lo que parece ser un caso de la mal llamada “justicia por mano propia”. Pero por ahora hay menos crímenes, hay un desescalamiento de la violencia, acaso porque se ha dictado preventiva a muchos de los protagonistas de incidentes. Pero esto es suposición. No hay estudios que lo corroboren.

¿Alarmas y botones antipánico? Quizá

También en estos días han proliferado los sistemas de defensa vecinal mediante alarmas, sirenas y botones antipánico, que están repartiendo a rolete el Gobierno provincial (con el programa “Alerta Tucumán” unido al 911) y las municipalidades. Como bien señala el secretario de Seguridad de Yerba Buena, Mauricio Argiró, acaso no sirva para bandas organizadas, pero la autoprotección que hacen por cuadra los vecinos parece útil para aventar a ladronzuelos ocasionales y acaso ayude a perseguir a arrebatadores, esa plaga hasta ahora irreductible. Esto por cierto, se aplica en vecindarios bien vinculados a la estructura urbana. En las 220 villas carenciadas del Gran San Miguel no existen y la violencia anida. Hay ebullición ahí.

¿Cuadrantes de patrulla? Es probable

El subsecretario de Seguridad, José Ardiles, apuesta a su programa cuadrantes de patrulla, que desde comienzos de año se ha ido extendiendo y llevando agentes que caminan las calles por los barrios, incluso los vecindarios complicados, interactuando bien o mal con los vecinos. Seguramente esa presencia constante ayuda a desescalar la violencia, al desarmar conflictos antes de que pasen a mayores. Veamos: en el corazón de Villa 9 de Julio, barrio complicado si los hay, se instaló la sede de cuadrantes de patrulla, en la escuela de la esquina de Blas Parera y Martín Berho. Hay un cambio de actitud. Esta policía no es tanto la auxiliar de justicia o la reactiva que persigue ladrones sino que es preventiva, camina las calles y se vincula con la gente. Acaso está estableciendo el vínculo perdido de las abandonadas comisarías, que hoy están en el fondo del sistema, asignadas a custodia de presos y a malas receptoras de denuncias que nadie atiende.

Pero por el “comportamiento serrucho” puede ser apresurado sacar conclusiones. Tal vez si hubiera otros elementos para medir lo que pasa, como encuestas de victimización (que permiten reducir la “cifra negra” de denuncias) y se implementara mejoras en el sistema de recepción de denuncias (el secretario del Ministerio Público Fiscal, Tomás Robert, dice que se aplicará desde septiembre en las comisarías de toda la provincia) podría hablarse con más precisión. Y acaso cuando comience a funcionar el Centro de Monitoreo de la Violencia anunciado hace dos meses, que estudiará los fenómenos y los cambios de dinámicas en la violencia homicida, podría tenerse una herramienta virtuosa para saber si el plan por cuadrantes es responsable de la baja o no.

Finalmente, nada de lo que se trata hasta acá -excepto este aún incipiente centro de monitoreo- explica las causas de la violencia. Allá donde no hay guardias -como relataron los vecinos de la farmacia asaltada el lunes en Mendoza y Balcarce- sigue en su terrible vigencia el arrebato callejero y el asalto de motochorros. La presencia policial y las alarmas ayudan, ahí donde están en esta eterna emergencia en que vivimos, pero no son la clave de la pacificación definitiva. Por ahora, son algo y eso es importante.

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