Cambio de sexo: ¿Cómo es en primera persona?

La semana pasada se llevó a cabo en nuestra provincia la primera cirugía de reasignación de sexo. ¿Cómo es el procedimiento? ¿Qué pasa con la sexualidad trans? Dudas médicas y una lucha identitaria que logró concretarse.

18 Sep 2021 Por Guadalupe Norte

11 de septiembre, a las 8.30, en el Sanatorio Parque. Ese día, Fernanda volvió a nacer. Tiene 30 años y viajó desde Salta hasta nuestra provincia con un propósito: despegarse de aquella sombra errada que la acompaña desde su nacimiento.

Hoy, su historia personal se hermana con una novedad, ya que es paciente de la primera cirugía de cambio de sexo que se realiza en Tucumán.

En este “había una vez...” -signado por las luchas de reconocimiento de los derechos trans- la protagonista recuerda que a los cinco años se vio al espejo y descubrió que su cuerpo le era ajeno.

“Mi familia, entre juegos, solía reírse y burlarse con comentarios sobre lo que tenía entre las piernas. Mientras tanto aguantaba como podía e iba masticando mi incomodidad”, evoca en un tiempo pasado y pisado.

Sin importar las críticas, a los 13 arrancó su transición entre el rechazo y la discriminación escolar. “En aquella época no tenía aún mi DNI actualizado y cada vez que intentaba formarme en la fila de mujeres para arrancar las clases, los maestros me sacaban y me obligaban a ir a la de varones. Esa rutina llena de dedos que señalaban hizo que después abandone mis estudios y me largue a una vida en la calle. Es casi un ciclo: la sociedad te juzga y te conduce a esos lugares, porque una debe crecer, vestirse y comer”, expresa ya sin odio y con el rencor reseco.

Durante seis años fue trabajadora sexual y si hay algo que aprendió fue sobre la violencia y las sombras de la marginalidad.

“Hay gente que piensa que esto es un trabajo fácil y la solución fácil para ganar dinero. Y no, que quede claro. No es sencillo pararse en una esquina en la noche, a la intemperie del frío, para venderte. Suele haber agresiones de los clientes, de la Policía, visitas a la comisaría y golpizas”, describe tajante.

En esta anécdota, Fernanda siente que ser una chica trans siempre involucra la tragedia. No obstante, ahí es cuando detiene su relato. Es mejor emplear otros adjetivos y sustantivos porque también se necesita de valentía.

EL EQUIPO UROLÓGICO. La vaginoplastia estuvo a cargo del doctor Alejo Rasguido.

“En mi infancia sufrí muchísimo. Estuve encerrada en un hogar escuela para hombres y mi mamá me llevó a psicólogos para curarme. Hubo hasta tratamientos para ver qué era lo que fallaba. Fue recién con el paso de los años que logré tener la aceptación y el apoyo de mi familia -rememora-. También pude salir de esa situación, hace seis años que estoy casada, poseo un trabajo digno, una casa y arranqué a estudiar Enfermería.

Como si hubiera pasado una vida desde entonces, su realidad actual es completamente diferente. En el postoperatorio cuenta con la compañía de su esposo y cada tanto llegan a su teléfono llamadas telefónicas para chequear que esté bien luego de esas ocho horas de cirugía.

- ¿Cómo te sentís?, es una pregunta casi obligada a estas alturas.

- Siento un dolor... lindo, porque la cirugía fue bastante dolorosa, pero gratificante al saber que ya no está lo que me molestaba. Por fin estoy cómoda conmigo, me percibo y veo así.

- ¿Y qué sigue a partir de acá?

- Al salir de esta pienso a futuro arrancar con la cirugía para los implantes mamarios y continuar con mi feminización.

Perspectiva médica

En el detrás de escena del quirófano, el doctor Alejo Rasguido asegura que esta intervención sienta un precedente en materia de salud para nuestra provincia.

“Es frecuente que las pacientes suelan viajar (o sean derivadas) a Buenos Aires para realizarse estas intervenciones, lo cual supone un enorme gasto en pasajes, alojamiento, el regreso para los controles médicos. Sumado a la falta de acompañamiento familiar por la distancia. En cambio, al habilitar espacios así en Tucumán estamos abriendo oportunidades para que los costos disminuyan y más gente pueda acceder a las cirugías de reasignación”, contrasta el urólogo.

Para entender bien la magnitud de esta decisión personal, primero hay que hablar sobre el paso a paso. La vaginoplastia es un proceso extenso que arranca muchísimo antes de la cirugía. “La primera etapa implica un tratamiento de hormonización para adquirir ciertos caracteres sexuales femeninos. Por ejemplo, la voz se vuelve -de a poco- más fina y perdemos el vello facial”, detalla. En esa previa también es indispensable el acompañamiento psicológico por la ansiedad y el estrés que oscilan en nuestra cabeza o para identificar algún trastorno (como la depresión) que pueda jugarnos en contra.

Según Rasguido, en este camino hacia el bienestar interno, la “señal de alto” más complicada por sortear es la reticencia de las obras sociales y de las prepagas para habilitar estas cirugías (pese a estar contemplados dentro de la Ley Nº 26.743 de identidad de género).

“A nivel provincial, desde el punto de vista administrativo burocrático, no estamos preparados porque ni los mismos auditores conocen lo que es una vaginoplastia. Igual que con la ley de reproducción médicamente asistida, las prestadoras de servicio sanitario tratan de evitar o rechazar estas intervenciones por lo que salen. Incluso, los pedidos suelen acabar en recursos de amparo o situaciones complejas con abogados de por medio”, agrega.

Sobre la cirugía

Primero, buscá en internet alguna imagen donde figuren las partes del cuerpo humano. ¿Listo? Para crear los órganos femeninos los cirujanos extirpan, unen y reutilizan diferentes tejidos. En este caso, el clítoris se forma a partir del glande (la “cabeza” del pene) y su capuchón con la mucosa del prepucio (esa pielcita que protege al falo).

Los labios menores son moldeados con la túnica vaginal (capa que envuelve los testículos) y los mayores con la grasa de la paciente. Por último, el canal vaginal aparece al crear un espacio entre el ano, recto y la próstata.

¿Y qué pasa con las secreciones y la excitación durante el sexo? Al estar construida con tejidos secos, después de una vaginoplastia es fundamental utilizar siempre lubricantes en la penetración.

“Esto se conoce como vagina seca y es el procedimiento más recomendado. Después existe la vagina húmeda, la cual se hace con partes del intestino. Sin embargo, dicha cirugía es el doble de compleja y sólo se sugiere a pacientes que al operarse fracasaron por estrechez o complicaciones”, acota.

La segunda aclaración más importante es en relación al placer sexual. Pese a la reasignación de sexo, seguimos teniendo en nuestro cuerpo la glándula prostática y la vesícula seminal. Por lo tanto, aún vamos a producir líquido prostático y seminal. “Eso implica que durante sus orgasmos las pacientes van a eyacular semen, pero sin espermatozoides”, esclarece el andrólogo.

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