Riñas de gallos, una práctica prohibida difícil de erradicar

En Tucumán podría haber cientos de galleros, e incluso más, según la federación que los nuclea. La reivindicación de quienes participan.

13 Oct 2021 Por Nicolás Sánchez Picón

En este preciso instante, en algún lugar de Tucumán se está realizando una riña de gallos. Están prohibidas por una medida cautelar de la Justicia, pero eso no impide su realización. “Es una pasión para toda la vida”, se justifica un gallero con LA GACETA.

Cuenta -sin dar su nombre, consciente de la ilegalidad en la que se maneja- que las riñas se organizan por WhatsApp y los interesados se encuentran en el lugar designado, que suele ser algún espacio oculto o un galpón perdido en las periferias. Una vez pagada la entrada, se ingresa. “Cómo ha mejorado tu gallo, ¿Eh?”, halaga un gallero al animal del contrincante. “Sí, es que le he cambiado las vitaminas”, le responderá. Por supuesto, para competir se abona otro monto. Además, los presentes apuestan al gallo que, creen, será el ganador.

Al centro está dispuesto el brete -lo que en el boxeo se conoce como ring-, de más o menos dos metros cuadrados, alfombrado y con barreras de goma espuma para proteger a los gallos. Allí es dónde se realiza el combate; a partir de que sueltan los animales, todo lo demás es muy parecido a una pelea de boxeo. Algunos vitorean a uno de los contrincantes y otros festejan los movimientos del otro. Terminada la pelea, suele finalizar también la disputa entre dueños y apostadores. “Somos todos amigos, todo queda en el brete”, afirma alguien al pasar.

José Pepe Villeco, presidente de la Federación Tucumana de Galleros, cuenta que, más o menos, en la provincia debe haber cientos e incluso miles galleros. Recibe a LA GACETA en su casa, rodeado de sus aves en jaulas, que su esposa alimenta mientras nosotros charlamos. “Es una práctica que se va transmitiendo de generación en generación. Yo tengo seis hijos, y uno se los va inculcando. Es el pretexto para unirnos como familia”, explica.

“El problema es que de lunes a sábados somos ciudadanos decentes y los domingos nos convertimos en delincuentes”, resume Walter Gómez, vicepresidente de la federación.

Un poco de historia

Las riñas de gallos han estado habilitadas en Tucumán por la ley provincial Nº 6.048. La normativa data de 1990 y fue impulsada luego del fallecimiento de Eliseo Aragón, un gallero que murió en un confuso episodio en el que intervino la policía. Por este acto se celebran en Tucumán todos los 30 de octubre el Día del Gallero.

El 28 de septiembre de 2016 la asociación animalista Libera Tucumán logró una medida judicial para que se suspendiesen las riñas, apoyándose en la Ley Nacional Nº 14.346, de maltrato animal que, en rigor, las prohíbe expresamente. Desde ese día, las peleas de gallos están paradas indefinidamente en los papeles.

La ley provincial preveía la regulación de las riñas, la donación de los ingresos de las entradas y la prohibición de venta y consumo de alcohol y del ingreso de menores de 18 años sin un adulto. También se exigía la supervisión de un veterinario y de la Policía local.

Están suspendidas, sí, pero se siguen realizando, todos los días y en todos lados. “Las riñas se van a hacer igual. Es como prohibirle a una quinceañera que vea a su novio. Hay una pasión, la chica en algún momento lo va a ver”, ejemplifica Villeco, que remarca que la actividad sigue igual que siempre, a pesar de la acción de la Justicia.

LA GACETA / FOTOS DE ANALIA JARAMILLO

“No hay tantas riñas como antes. Los bretes de 600 gallos de pelea que hemos llegado a clausurar ya no están funcionando. Los que se hacen ahora son más de entrecasa”, aclara Ivana Acevedo, miembro de Libera Tucumán y responsable de impulsar la cautelar. Acevedo admite haberse infiltrado en riñas en Ranchillos y El Timbó. “Ahí vimos que no había veterinarios, que iban menores de edad, que se vendían bebidas alcohólicas, que muchos se emborrachaban y terminaban peleándose, incluso hasta acuchillarse”, relata.

¿Naturaleza o crueldad?

“El gallo de riña es un ave que tiene una esencia particular en sus genes, en su forma, en su naturaleza. Va a pelear sí o sí, siempre, desde que sale del cascarón. No hay instinto humano ni fuerza natural que lo obligue a pelear o a dejar de hacerlo si no quiere”, explica Marcelo Rearte, abogado de la Federación.

“El fin del gallo de riña es pelear. En la naturaleza, los gallos llegan a una edad en que hay uno que domina la manada. El joven va creciendo hasta que enfrenta al dominante. Lo que hace la naturaleza es enfrentar a uno de cinco kilos con uno de dos, mientras que nosotros los pesamos en libras, porque es más exacto, y hacemos pelear a los animales en las mismas condiciones”, explica el apasionado gallero.

Villeco y Gómez cuentan que la preparación del gallo empieza desde antes de que nace. “Son como bebés, están encerrados en la jaula y tenés que darles atención todo el día, uno por uno”, comenta Pepe. “Desde que nacen empiezan a pelear y tenés que controlarlos, los tenés que medicar, porque se enferman mucho; les tenés que dar vitaminas, analgésicos, buena comida, limpieza... Son muy delicados, siempre estás con el veterinario de por medio”, añade Walter. “Es una simbiosis, el gallo de riña no existiría solo, porque nadie que no sea gallero va a criar uno. Por eso hablamos de su preservación”, agrega Villeco.

“Con escritos y bibliografía hemos demostrado la esencia, la naturaleza y el peligro que representa para los gallos no hacerlos pelear. Y vamos a algo práctico: para que la gallina tenga buenos huevos, el gallo de riña debe sí o sí pelear. El gallo le debe demostrar a la gallina que es el mejor, como sucede en general en la vida silvestre”, agrega Rearte. “Están en peligro de extinción. En España, en otros lugares como Francia o Inglaterra, donde se ha prohibido la actividad, ya se han extinguido”, afirma.

“¿Qué persona que ve dos animales peleando hasta verlos ensangrentados es una persona buena y ética?”, pregunta, por su parte, Acevedo. “Las riñas son un foco de violencia machista. En otros países, más desarrollados, se estudia este tipo de maltrato animal porque de ahí surge la violencia intrafamiliar. Y ni hablar del reglamento, que cada gallero lo arregla con los jueces. Cada uno puede poner sus reglas, la pelea puede ser hasta la muerte... Es una violencia tremenda, normalizada”, resume la joven. “El problema es que se mueve mucho dinero -remarca-; además, no es que si no hay peleas se va a terminar la raza. Y si vamos por eso, el gallo gallo, la especie original, no pelea. Lo que hacen ellos (los galleros) es ir modificando la genética”.

¿Imposible pararlos?

En la Federación Tucumana de Galleros admiten que la práctica continuará, aunque sea en la clandestinidad. “Esto es un semillero -dice José-; la mayoría de los galleros son jóvenes, no sabés la pasión que les despierta esto, es increíble”

“Se está haciendo clandestinamente. El problema es que en la ilegalidad no hay autoridad, no está la Policía para cuidar el orden, ni el veterinario para preservar la salud del animal”, explica Gómez. “No queremos que haya otro Eliseo Aragón”, resalta.

“Si vos entreverás pasión, alcohol, drogas... es un caldo de cultivo para que haya una desgracia. Que aún no haya pasado nada es una bendición de Dios -enfatiza Villeco-; por eso buscamos volver con la ley, con un marco legal que nos permita gozar de la presencia de efectivos que nos cuiden, sacar los permisos, contribuir como corresponde a la provincia, que esté la presencia del veterinario y volver a los torneos”.

“Es una actividad que desgraciadamente está muy vinculada a lo clandestino. No estamos de acuerdo con esa forma, creemos que tiene que haber un permiso por parte del Estado, y que todo sea controlado desde la Federación -añade Rearte-; si nos obligás a ir en contra de la norma, por una cuestión cultural, todo desmadre puede venir. Yo al juez le dije: ‘gracias a Dios no se ha matado nadie en las riñas clandestinas’. Quisiera saber quién se va a hacer cargo en caso de que suceda; deben ser conscientes de que a las riñas no las van a terminar. Esto va a seguir, si no se han acabado antes... Y yo creo que no se van a prohibir, porque es un mal peor. Lo importante es volver a la ley, porque existe”.

“La cautelar sigue firme. Nosotros hemos tenido que responder a un par de cosas, ya que ellos (los galleros) pidieron que se retire la medida, pero el juzgado lo deniega. Seguimos contestando en el ritmo que marca tribunales y pedimos que se termine de una vez con todo esto”, dice Ivana. La Justicia tiene la última palabra.

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